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22.9.16

Viajar conmigo

Hace un año, el hacer turismo sola era para mi uno de esos sueños nocturnos de los que nunca se suele hablar porque quedan olvidados nada más abrir los ojos. Algo latente que, si sale a la luz, es solo para otros: gente valiente, con iniciativa, con recursos y con una curiosidad exacerbada. Y yo no soy así, me decía. 

Entonces - os preguntaréis - ¿por qué narices te fuiste 11 meses a Irlanda?. Lo primero de todo, no es lo mismo una larga estancia en otra ciudad, que una salida de varios días. Y una vez aclarado esto, la Inés del pasado os respondería que estaba huyendo de un año en blanco, e intentando buscar una segunda Erasmus y algo de experiencia laboral. Esa Inés, era una chica con miedo a ser tachada de antisocial, como todos aquellos que hacen cosas solos cuando pueden hacerlas acompañados.

3.9.16

Solo piedras


Irlanda está llena de historias de emigrantes: americanos que se enamoran de irlandesas, irlandeses que tienen que buscarse la vida en Australia... Una de las mayores razones para ello fue la hambruna de la patata, que redujo la población de este país a la mitad, los que no emigraron, se quedaron por el camino sin nada que echarse a la boca. La historia de los McTigue fue posterior, quizás por distintas razones, pero en su ADN ya estaba instalado eso de no cerrarse fronteras. Tony llevaba varios años en Australia, Eamonn había roto con todo, cogido la furgoneta y pasado una larga temporada en Sevilla y Johnny acababa de regresar de un EVS en Tbilisi.

Los conocí a casi todos el día en que, tras salir un par de veces con el menor de los McTigue, deciexplorar el lugar en el que se crió. Un área llamada Kilnamona, que significa "la iglesia del pantano" y está, para que os situeis un poco, en el Condado de Claire, en la parte oeste de la isla. Me pareció buena idea aquello de desconectar un poco de mi rutina como voluntaria, o quizás de ampliarla. Me subí en su coche y tras escuchar un disco de Pearl Jam, otro de los White Stripes y otro de Beck, llegamos. La primera parada fue casa de Eamonn.

Ya estaba bastante oscuro y aquello era campo absoluto. De repente el coche se metió por un camino pequeñísimo y lo único que alcanzaba a ver con los faros fueron un montón de plantas sin ningún cuidado y muchísimos restos de algún tipo de obra, palés amontonados y unos extraños bloques de piedra. Al bajar del coche tuve que encender la linterna del movil para averiguar lo que eran esos sospechosos bloques...

31.7.16

La bici



Siempre que encaraba mi bici a la última cuesta hacia Liscappul, mi cabeza reproducía Rebellion, de Arcade Fire. Tomaba aire, miraba al horizonte y aprovechaba toda la energía cinética de la cuesta abajo anterior para llegar lo más lejos posible pedaleando en blando. La escena era épica: el atardecer al fondo, la lluvia sobre mi cara, la mochila a mi espalda, mis piernas moviéndose rítmicamente (rezando porque esa vez hubiera puesto las marchas correctas), y mis ojos fijos en el punto al que quería llegar ese día, la superación hecha persona. Hasta que el viento cambiaba de dirección y todos mis esfuerzos quedaban anulados, tanto, que una señora de 80 años con bastón iría más rápido caminando a mi lado. Imagino a las ovejas de los alrededores paciendo entre risas cada vez que me bajaba de la bicicleta entre sollozos y sudores, en el momento en el que Rebellion había sido acallada por los fuertes latidos que me resonaban en la sien.

24.7.16

Inishmore o dejarse todo por las cabras


Era noviembre y Anna, natural de Joensuu (Finlandia), estaba tiritando. Es dificil escapar del frío cuando tu chubasquero está cubierto por una capa de agua constantemente, pero es algo a lo que te tienes que acostumbrar en Irlanda. Si Anna tenía frío, Levan, el voluntario de Tbilisi que iba con nosotras estaba al borde del colapso. También nos acompañaba un chico francés, que se quejaba menos.


Viajábamos en minibús, uno lleno de banderitas internacionales, animales de peluche y leprechauns, con un conductor que parecía salido de un guión de los Monty Python, de cara rosa, ojos claros y bromas simples que acababan, sin excepción, en carcajadas sonoras y profundas. Era la segunda vez que lo veíamos, pero esta no nos la quiso cobrar, a pesar de que nos había llamado aposta para ver qué tal nos iba y si necesitábamos algo. Sí que le necesitábamos.

El fin de semana había sido increíble. Lo mejor de todo era lo improvisado y, quizás por eso, satisfactorio de nuestro viaje. Fue justo el viernes, a mitad de la tarde, cuando decidimos visitar Inishmore, la más grande de las Islas Aran, en la bahía de Galway. No teníamos ni idea de lo que íbamos a encontrar allí, pero era parte del encanto de la última hora.

10.7.16

Lily, Liscappul y lienzos




El día que llegué a Irlanda no solo ponía los pies en un país completamente nuevo, sino que los despegaba del mío, de mis calles, mi universidad, mis sitios favoritos, mi familia, mis amigos, pero también de mis errores y de todas esas cosas que, mejores o peores, eran mías. El lienzo estaba en blanco. 

Lily me recogió de la parada de autobús en la calle principal de Ballinasloe aquel quince de septiembre de 2015. Hice un gran esfuerzo por no subirme a su Skoda gris por la puerta derecha - algo que en el futuro pasaría constantemente. El tour por el pueblo duró poco, 7000 habitantes no dan para mucho, incluso cuando los edificios más altos son de tres plantas, aunque en ese momento estaba más preocupada por la sensación de que el coche circulara por la izquierda, que por el tamaño del pueblo en el que iba a pasar los próximos 11 meses de mi vida. De hecho, hacía bien, porque ese no era exactamente el lugar en el que comenzaría mi historia, sino en un area llamada Liscappul.

10.6.16

Fuck the sun!

Podría comenzar este texto con una amable imagen del río Liffey a la altura del Ha'penny Bridge, o quizás parafraseando alguna canción que escuché por las calles del Temple Bar. Pero lo cierto es que ese fin de semana empezó con ganas de matar, aquella noche conocí por primera vez la existencia de la Social Welfare.

Me encontraba en la casa de unos voluntarios europeos en Dublín. Algo que me encanta de programas como el EVS es ese tipo de situaciones en las que varias nacionalidades de distintas edades se sientan juntas a comer, beber o lo que mejor acompañe al hecho de hablar. En esa ocasión estábamos tres italianos, una finlandesa y dos españolas. Hablábamos de por qué habíamos venido a Irlanda y de qué hacíamos antes. El idioma era el inglés, por supuesto, y de repente, como cuando notas que hay algo entre tu calcetín y tu zapato a mitad de un largo camino a pie, surgió un término que no había escuchado antes: 'Social Welfare'.

- Lo que viene siendo el Paro ¿no? - hice un pequeño inciso para preguntarle a la otra española, que parecía saber más del tema.

Su respuesta fue el final de la bonita infancia en la que había vivido mis 27 años anteriores, así como el principio de una gran enemistad hacia el Estado español.

29.5.16

La erótica del Youth Work


Lo que vine a hacer a Irlanda fue algo completamente nuevo para mí. Se trataba de trabajar con jóvenes, o lo que aquí se llama Youth Work, que es la parte del Trabajo Social dedicada a los menores de edad en todos los sentidos, no solo los que están en peligro de exclusión, sino también los que necesitan cualquier tipo de asesoramiento, los que van a pasar al instituto o hacer el examen de acceso a la universidad, los que quieren estudiar en otro país, los que buscan experiencia laboral, los que tienen ideas para proyectos o simplemente los que quieren hacer algo que les gusta en compañía de otros. Aquí, este tipo de empleo es desarrollado por organizaciones separadas del Estado, aunque subvencionadas en parte por él. Mi voluntariado iba de ayudar a Youth Work Ireland Galway en Ballinasloe.