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3.9.16

Solo piedras


Irlanda está llena de historias de emigrantes: americanos que se enamoran de irlandesas, irlandeses que tienen que buscarse la vida en Australia... Una de las mayores razones para ello fue la hambruna de la patata, que redujo la población de este país a la mitad, los que no emigraron, se quedaron por el camino sin nada que echarse a la boca. La historia de los McTigue fue posterior, quizás por distintas razones, pero en su ADN ya estaba instalado eso de no cerrarse fronteras. Tony llevaba varios años en Australia, Eamonn había roto con todo, cogido la furgoneta y pasado una larga temporada en Sevilla y Johnny acababa de regresar de un EVS en Tbilisi.

Los conocí a casi todos el día en que, tras salir un par de veces con el menor de los McTigue, deciexplorar el lugar en el que se crió. Un área llamada Kilnamona, que significa "la iglesia del pantano" y está, para que os situeis un poco, en el Condado de Claire, en la parte oeste de la isla. Me pareció buena idea aquello de desconectar un poco de mi rutina como voluntaria, o quizás de ampliarla. Me subí en su coche y tras escuchar un disco de Pearl Jam, otro de los White Stripes y otro de Beck, llegamos. La primera parada fue casa de Eamonn.

Ya estaba bastante oscuro y aquello era campo absoluto. De repente el coche se metió por un camino pequeñísimo y lo único que alcanzaba a ver con los faros fueron un montón de plantas sin ningún cuidado y muchísimos restos de algún tipo de obra, palés amontonados y unos extraños bloques de piedra. Al bajar del coche tuve que encender la linterna del movil para averiguar lo que eran esos sospechosos bloques...

Y eran lápidas, eran jodidas lápidas. Me había metido en una casa oscura llena de lápidas. Bravo. Rory vino a buscarme un segundo después. Se rió al verme observando uno de los pedruscos. Te presento el negocio familiar, me dijo, hacemos y esculpimos lápidas. Sin darme tiempo a reaccionar, me cogió de la mano y me condujo dentro de la casa, un poco más iluminada. Su hermano me saludó en español, con los dos besos incluídos, algo poco habitual en Irlanda. La casa era de su familia por parte de padre, terriblemente antigua, sin ningún atisbo de reforma reciente (ni intendión de ello), un salón-cocina, un baño, escaleras a lo que sería una habitación y al otro lado un local de ensayo, este chico tocaba la batería, así que aquel lugar alejado de todo era lo único que necesitaba.


Me cayó bien Eamonn, me daba toda clase de conversación, me hablaba un poco en castellano y cuando lo hacía en inglés era de una forma curiosa, divagaba mucho pero no como esta gente pedante, sino más bien como un filosofo natural, alguien que pasaba tiempo solo y que disfrutaba con ello, pero que a la vez valoraba el estar con su gente, probablemente los únicos con los que compartía sus locuras. El placer de los introvertidos.

Después fuimos a la casa de Johnny. Ésta había pertenecido tiempo atrás a sus abuelos de origen americano, que la construyeron como hogar de vacaciones para cuando decidiesen pasar alguna semana con su parte irlandesa. Fue en una de esas visitas en las que su abuelo (de Estados Unidos) conoció a su padre (irlandés) en un pub de Ennis y tras una noche charlando y bebiendo, el señor estadounidense decidió presentar al joven irlandés a su familia, y fue entonces cuando cuajó con una de sus hijas, que se mudó al poco tiempo a Irlanda, para formar una familia con el ahora padre de los McTigue.


La casa de Johnny era totalmente diferente, tanto como éste lo era de Eamonn. La puerta trasera era ahora la principal y la principal se había transformado en la de fumar porque una ingente plantación de abetos era a lo único que se podía acceder desde ella. Las paredes estaban salpicadas de fotos de familiares y alguna pintura del paisaje local, los muebles me superaban en edad, aunque sobre ellos se dejaban ver las distintas pruebas de las nuevas generaciones: televisión de pantalla plana, Play Station, una colección de DVD's, un póster de la Tierra Media... Y en cualquier rincón posible encontrabas libros.


Esa noche, Eamonn tocaba con su grupo en uno de los pubs de Ennis, el pueblo más cercano a Kilnamona. Rory tocó unas cuantas canciones también, algunas versiones y otras compuestas por él. Y tras ello nos fuimos de pintas con Johnny y otro amigo más. Hacía un frío horrible, pero ellos se empeñaban en salir a las zonas de fumadores porque consumían tabaco como si no hubiera un mañana. También me encantó Johnny, éste era un tipo con clase, de esos que ahora llaman hipsters, aunque llevan toda su vida leyendo clásicos, amando el cine y vistiendo americanas y chalecos de segunda mano. 


Aquel fin de semana fue uno de los mejores. Aparte de la noche en Ennis, el concierto y las pintas, también visitamos la costa de Clare y el Burren, incluyendo mi primera vez en los acantilados de Moher, nos perdimos por los bosques y el lago de Kilnamona y aún tuvimos tiempo de vaguear un rato el domingo con un partido de hurling en la tele y música de Pearl Jam (sí, esta gente era fan incondicional de este grupo) en el reproductor. 


Me encantaba la relación que tenían los McTigue, pese a ser muy diferentes a mi familia tenían una complicidad que me hizo sentir como en casa. Se trataba de gente auténtica, abiertos a su manera y raros, rarísimos, pero a estas alturas de la vida ¿qué os puedo decir de la desconocida división entre gente normal y gente rara? Si he coincidido con alguno de los primeros, seguro eran aburridos, y los segundos, entre los que me incluyo cada vez me gustan más.

Rory fue el primer paso para salir de Ballinasloe y empezar a construir mi concepto de este lugar, para mí el más importante. Irlanda es un país precioso, los espacios naturales dejarían sin batería a todas las cámaras del mundo, pero  ¿qué son las casas sin las personas que las habitan? ¿O los pubs sin nadie con quien iniciar una conversación? ¿O los propios acantilados de Moher sin las historias de los millones de personas que los han visitado? 

 


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