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13.11.12

Concierto de Andrew Bird en el Nuevo Teatro Circo de Cartagena


Foto de Mila Aniorte
Era domingo y estaba lloviendo, además hacía bastante frío. Pero dentro del hall del Nuevo Teatro Circo de Cartagena la gente apuraba el tiempo con cervezas y vinitos haciendo que sobraran los abrigos. Es raro, supongo que al estar dentro de la programación de un festival que empezó en octubre, se va cogiendo confianza con el sitio, pero más de la mitad del público estuvo fuera hasta apenas un minuto antes de la actuación.

El concierto comenzó con un tenue azul, Andrew Bird, puntualísimo se situó detrás de tres micrófonos con un xilófono a la izquierda y su violín en mano. La batería y los demás instrumentos solitarios se intuían entre la oscuridad por detrás de él, anuncio de un gran espectáculo aún en un teatro tan pequeño. 

El inicio con “Hole in the oceans floor” fue como un calentamiento en el que parecía que este músico estadounidense estaba afinando el violín, combinándolo con los pedales, probando su silbido... Sin parar entrelazó este tema con “Why?”, en tono de blues, de nuevo a solas con su violín le bastó para dejarnos suspirando en las butacas.

Después salió el resto del grupo, que fue presentado justo antes de explotar con “A nervous tic motion of the head to the left”, una canción a la que solo le faltó el saxo para transformarse en jazz. Y no solo en este sino en otros temas sobraban las dichosas butacas, si bien en otros se agradecían, pues la música de Andrew Bird es en general bastante tranquila.

Muchas canciones del nuevo disco estuvieron presentes, pero también se tocó la gran “Effigy”, que en directo gana en fuerza y alma, o incluso “Sovay”. Ésta última surgió en un ambiente que crearon con el violín de Andrew, una guitarra y un contrabajo a un lado del escenario.

Otra canción con una fuerza increíble fue “Eyeoneye”, uno de los primeros singles de su nuevo disco, donde se entremezclan silbidos y xilófono llenos de dulzura con el emocionante poder de todo el grupo sonando a la vez, indescriptible. Sin duda uno de los temas en los que habría arrancado las butacas del suelo. Aunque no faltaron momentos de acurrucarse junto al de al lado y cerrar los ojos para escuchar con una sonrisa en la cara, con canciones como “Three White horses”, “Mx Misiles” o “Weather Systems”, esta fue la última, en ella la luz se atenuó como al principio y Andrew Bird se quedó solo con el violín, el xilófono y el humo que, para los que conozcan la discografía, formó una nube al igual que en la portada del disco al que da nombre la canción.

Desde luego, Andrew Bird, también conocido como “el hombre orquesta”, es un artista de los de verdad, su personalidad en el directo es indudable: ya no solo por sus pintas de “hombre formal, pero no demasiado”, con americana, pero con vaqueros, con el pañuelo, pero con zapatillas deportivas... Sino también por su forma de moverse en el escenario: el cambio de guitarra a violín, sin soltar el violín ponerse con el xilófono, a la vez pisar el pedal en el momento adecuado y aún le sobra tiempo para mover el arco como un director o hacer círculos con la cabeza como invadido por su propia melodía ¿Qué diría Béla Bartók si hubiera estado a mi lado?

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